domingo, 22 de mayo de 2011

We've been down this road before Part I

Before thinking about the Safari trek, we like to remind ourselves that we have had some interesting road trips and experiences across Mexico in the past. When we first met, Plinio owned a light blue 1972 "vocho" - or Beetle. Ah, the stories the vochito could tell, but we'll focus on the time we wound our way from the City of Eternal Spring, Cuernavaca, Morelos, to our end point in Puerto Escondido, Oaxaca....and back.

Antes de pensar en la aventura del Safari, nos gusta recorder que ya hemos realizado algunos viajes interesantes por los rincones de Mexico. Cuando nos conocimos, Plinio tenía un vochito de ’72, color azul cielo. Las historias que nos podría contar este vochito - pero nos enfocamos en la ocasión que viajabamos desde la ciudad de la eterna primavera, Cuernavaca, Morelos hasta nuestro destino de Puerto Escondido, Oaxaca…y de regreso.


The rainy season extending from around late May through September is perhaps not the most ideal moment to drive a '72 vocho through the mountainous terrain of Guerrero and Oaxaca, though with clouds forming principally over the mountains the stretch down to the beach seemed fine. So, in late July or early August of let's say '95 or was it '96, we headed out of Cuernavaca and made our way toward Acapulco, though mostly going along la libre (non-toll highway) in order to save our pesos for beachside cervezas.  From Acapulco we sought out the nearly abandoned beaches of Copala, south going along the coast of Guerrero. From what we had been told, Copala was "just outside" Acapulco and yet I recall each person we asked along the highway seemed to have the same response no matter how far we had driven - "Copala? Oh, it's right around the corner."  That would lift our emotions until the next half hour passed, and we would stop to ask again, inevitably meeting with the same response. "Copala? Oh, it's right around the corner."  As the sun began to sink in the sky, we finally passed our first sign to Copala - telling us indeed it was only about 5 kms. more. Then, the vocho sputtered to a stop right there on the highway.  This is where I was introduced to the finer mechanics of fixing a car with a hair tie, gum, and a little prayer.  We finally drifted into Copala just as the sun set, and pitched a tent on the sand next to the powerful waves of Mexico's Pacific Coast.

La temporada de lluvias que se extiende desde los finales de mayo hasta principios de septiembre posiblemente no es el mejor momento de llevar un vochito de ’72 por los terrenos montañosos de los Estados de Guerrero y Oaxaca, aunque con las nubes principalmente ubicadas sobre las montañas, el camino hacía la playa nos parecía bien.  Entonces, para finales de julio o principios de agosto del año ’95, o posiblemente ’96, salimos de Cuernavaca y nos dirijimos a Acapculo, pasando principalmente por “la libre”, ahorrando los pesos para las cervezas.  Desde Acapulco continuamos hacia las playas vacias de Copala (por lo menos en aquellos tiempos) al sur de Acapulco por la costa pacífica. Por lo que nos habían comentado, Copala se encontraba “afuerita” de Acapulco pero todavía me acuerdo que cada persona a quien le preguntábamos en el camino por información nos tenía la misma respuesta – “Copala, si aqui a la vuelta.” Esto nos emocionaba, y al preguntar de nuevo después de otra media hora o mas nos decían lo mismo, “Copala, si aqui a la vuelta.”  Cuando empezó a bajar el sol, por fin pasamos nuestro primer letrero para Copala, diciéndonos que efectivamente Copala se encontraba a unos 5 kilometros, y aqui es cuando se detuvo el vochito al lado de la carretera y a mi me dió mi primera lección en los arreglos mecánicos finos de una liga, algo de chicle, y una oración.  Por fin llegamos a Copala justo en el momento que iba bajando el sol, y pusimos nuestra tienda de campaña al lado de las olas poderosas del mar pacífico.


A little gum and rubberband should fix it!


sábado, 21 de mayo de 2011

A Mexican Safari

This past March, as we were headed out the door of our comfortable casita in the small beach town of Puerto Peñasco, Sonora, in the northwestern corner of Mexico, my husband spotted a last minute post from his cousin. He was selling his Thing. Not just anything, mind you. This was the Thing, a 1971 VW Thing. The Thing, also responding to the name of Safari, Trekker, or “bucket-wagon,” which had always caught my husband’s eye, was now beckoning over the internet and taunting him with his favorite color of burnt pumpkin, or is that rusty rouge…or just orange? A short while later the Thing had changed owners, though our journey was just beginning. The Thing now awaits us nearly 2500 miles away, across the entire spans of Mexico. 
Following two months of contemplating how to go about getting the Thing across the country, the one-way red-eye tickets are bought and packing has begun. Here’s the thing about packing for a cross-country Mexican trip in a 1971 Thing (in 2011), part of the trip may actually be done by bus as you wait to reconnect with the Thing after trailering it part of the way. That is only limiting when packing if you consider how many things to haul around if they can’t be put in the Thing? So, travel backpack circa 1992 it is, and some handy accessory for the computer, cell-phone and other important gadgets of social networking and communication.


A mediados de marzo, ya que casi ibamos de salida de nuestra comoda casita en el pueblo costero de Puerto Peñasco, Sonora, en el noroeste de Mexico, mi esposo vió un mensaje de último momento que había puesto su primo en internet, el primo quería vender su Safari (“La Cosa” en inglés). No es sola una cosa, sino es La Cosa, un safari de 1971. El Safari, también conocido como La Cosa (Thing) en Estados Unidos o Trekker en Inglaterra o hasta “carrito de botes”, siempre le había llamado la atención a mi esposo y ahora lo estaba llamando através del internet, haciéndole ojitos con su color favorito de calabaza quemada, o será rojo oxidado…o simplemente anaranjado?  Un poco después, el Safari ya había cambiado de dueño, aunque apenas estaba por empezar nuestra aventura.  El Safari ahora nos espera a casi 2500 millas (unos 4000 kilómetros) de distancia, pasando por todo el territorio mexicano.
Después de unos dos meses contemplando como iríamos por el Safari al otro lado del país, ya compramos los dos boletos de viaje sencillo de vuelo de media noche y hemos empezado con el proceso de empacar. Ahora la cosa de empacar para un viaje por todo el territorio de Mexico en una Cosa de 1971 (ahora en 2011), es pensar que muy probablemente parte del viaje será por camión mientras esperas reunirte con la Cosa después de mandarlo por remolque. Esto realmente solamente te limita cuando consideras que tantas cosas quieres andar cargando cuando no las puedes poner en la Cosa.  Entonces, decidí por la super mochila de viajero circa 1992 y algún accesorio para poder llevar la compu, el cel, y otros elementos tan necesarios para seguir en comunicación através de las redes sociales.